Lubricación en verano: una guía práctica para gerentes y responsables de construcción
Qué debe saber sobre el efecto del calor en la lubricación de su maquinaria pesada
Este artículo fue publicado originalmente en ConstructionEquipment.com
El verano es una de las temporadas de mayor actividad en muchos proyectos de construcción. Sin embargo, también es una de las épocas en las que los problemas de lubricación pueden aparecer con mayor facilidad. Y no se debe únicamente al aumento de las temperaturas. Durante el verano, los equipos suelen operar más horas, asumir cargas de trabajo más exigentes y permanecer expuestos al sol durante largos períodos. Estas condiciones generan un estrés adicional sobre las grasas lubricantes, los rodamientos y otros componentes críticos de la maquinaria. Aun así, muchas operaciones continúan gestionando la lubricación de la misma manera que en primavera o incluso en invierno, dando por sentado que los mismos productos y los mismos intervalos de mantenimiento seguirán ofreciendo el desempeño esperado.
El verdadero problema: asumir que todas las estaciones son iguales
Uno de los errores más frecuentes que cometen los responsables de construcción es gestionar la lubricación durante el verano como si las condiciones de operación no hubieran cambiado. Una grasa que ofrece un buen desempeño bajo temperaturas moderadas puede perder sus propiedades mucho más rápido cuando se enfrenta a calor constante y jornadas de trabajo más prolongadas.
A medida que aumentan las temperaturas, también lo hacen la oxidación y el esfuerzo mecánico al que se someten los lubricantes. La grasa puede degradarse con mayor rapidez, perder estabilidad estructural y presentar una mayor separación de aceite, reduciendo así su vida útil efectiva, incluso cuando la aplicación o el equipo siguen siendo los mismos.
En otras palabras, los problemas de lubricación durante el verano rara vez son consecuencia de un solo evento crítico. Lo más común es que se desarrollen de forma gradual, a medida que las condiciones de operación se vuelven más exigentes y las prácticas de mantenimiento no se ajustan para responder a esos cambios.
Señales tempranas de degradación de la grasa lubricante
Las primeras señales suelen aparecer cuando los componentes comienzan a operar a temperaturas más altas de lo habitual. La grasa puede expulsarse o consumirse más rápidamente, y es posible que los intervalos de relubricación deban acortarse para mantener un desempeño normal. En algunos casos, los tiempos de inactividad empiezan a aumentar sin una causa evidente. Todos estos son indicios de que la grasa ya no está respondiendo adecuadamente a las exigencias de la aplicación.
El calor desempeña un papel importante, pero no es el único factor. Durante el verano, los equipos suelen tener menos tiempo para enfriarse entre jornadas de trabajo, por lo que los rodamientos permanecen a temperaturas elevadas durante más tiempo. La grasa está sometida a cargas constantes por períodos más prolongados y, además, el polvo y otros contaminantes pueden volverse más agresivos en condiciones secas, dificultando aún más la protección contra el desgaste.
Antes de cambiar la grasa, evalúe las condiciones de operación
Por esta razón, un programa de lubricación eficaz debe comenzar con una evaluación realista de las condiciones de trabajo. Antes de modificar el lubricante o ajustar los intervalos de mantenimiento, es importante plantearse algunas preguntas básicas:
¿Los equipos están operando más horas que hace algunos meses? ¿Las temperaturas ambientales son consistentemente más elevadas? ¿Han cambiado las condiciones o el tipo de trabajo? ¿La maquinaria está operando en un entorno más seco, más polvoriento o más húmedo que antes?
Las respuestas son clave, porque las decisiones de lubricación deben basarse en las condiciones reales de operación y no simplemente en la época del año.
Por qué siguen siendo importantes las recomendaciones del OEM
Un buen punto de partida es siempre la recomendación del fabricante del equipo (OEM). Estas especificaciones continúan siendo la base para la selección de la grasa adecuada, especialmente en aspectos como el tipo de espesante y la viscosidad del aceite base.
Sin embargo, las condiciones del verano pueden requerir una revisión más detallada para confirmar que la grasa utilizada sigue siendo la más adecuada para la aplicación. Si los equipos operan a temperaturas más elevadas, trabajan más intensamente o permanecen bajo carga durante más tiempo, puede ser necesario evaluar si el lubricante cuenta con la estabilidad térmica necesaria para mantener su desempeño.
En este punto, muchos gestores de mantenimiento se enfocan en el grado NLGI, y aunque este puede formar parte de la solución, no es el único factor a considerar. El grado NLGI describe la consistencia de la grasa, es decir, qué tan rígida o suave es, pero no indica la viscosidad del aceite base.
De forma general, aumentar un grado NLGI implica utilizar una grasa más consistente, lo que puede ayudar a que permanezca en su lugar durante más tiempo. Sin embargo, el grado NLGI por sí solo no determina el espesor de la película lubricante ni la capacidad para soportar cargas, por lo que no debe considerarse como el único ajuste estacional.
Cómo seleccionar la grasa adecuada para operaciones de alta temperatura
Además del grado NLGI, es recomendable evaluar la viscosidad del aceite base, el tipo de espesante y las exigencias específicas de la aplicación, como la velocidad de operación, la carga y los niveles de contaminación presentes en el entorno.
Para aplicaciones sometidas a altas temperaturas, conviene prestar especial atención a la estabilidad a la oxidación y al rango de temperatura recomendado para el lubricante. El punto de goteo puede servir como referencia inicial, pero no debe confundirse con la temperatura máxima de operación.
Asimismo, cualquier cambio en el grado NLGI o en la viscosidad del aceite base debe validarse de acuerdo con las recomendaciones del OEM y considerando aspectos prácticos como la capacidad de bombeo en sistemas de lubricación centralizada y el desempeño durante el arranque del equipo.
La clave está en responder a los cambios observados en el comportamiento de la maquinaria. Si las temperaturas de operación aumentan de forma constante, si la vida útil de la grasa se reduce o si los técnicos deben relubricar con mayor frecuencia de lo habitual, es momento de revisar la estrategia de lubricación.
La importancia de una supervisión más cercana durante el verano
Las prácticas de inspección también deben fortalecerse durante los meses más cálidos. El verano no es el momento para esperar a que aparezca una falla evidente.
Los responsables de mantenimiento deben pedir a sus equipos que estén atentos a señales como una expulsión excesiva de grasa, incrementos en la temperatura de los componentes, ruidos inusuales o cambios en la frecuencia de relubricación. Estos indicadores prácticos pueden revelar problemas de lubricación en una etapa temprana y permitir acciones correctivas antes de que se conviertan en fallas costosas.
Los mejores planes de lubricación para el verano son aquellos que se adaptan a las condiciones reales de operación. Y durante la temporada de máxima actividad, esa capacidad de adaptación puede marcar la diferencia entre mantener la productividad de los equipos o enfrentar tiempos de inactividad que podrían haberse evitado.
07/23/2026